Karla Guzmán Palomares
Hace no mucho tiempo, en nuestra era vivió una bruja malvada con la piel de color escarlata y el cabello de hielo como su corazón, llamada Cletina.
Había muchas cosas que detestaba como, las reuniones familiares, el color naranja, los dulces, los calcetines de rayas y las ferias de San Valentine, pero lo que más odiaba eran los niños, y aun más si por descuido de su mamá, estos estaban sucios o despeinados y peor si estaban riendo.
Sus pasatiempos favoritos eran crear ingeniosas ideas para torturar niños hasta hacerlos llorar; En ocasiones se escondía detrás de los árboles y les tiraba del cabello a las niñas, pellizcaba a los bebes en las cunas y rompía los cochecitos de los niños cuando salía a pasear con su lagarto bebe. Era tanto su afán con los niños que decidió hacerse maestra en una escuela primaria, así iba poder tratarlos mal sin que nadie le reclamara.
Todas las mañanas se levantaba tarde porque también abominaba la puntualidad, se frotaba los ojos, estiraba sus pies verdes y malolientes y se daba un baño de lodo.
Desayunaba ojos de sapo con tripas de lombriz, pues eran tan deliciosos que los comía mañana, tarde y noche; Después de comer tomaba su bolso lleno de planes perversos para tratar mal a los alumnos y nada más, pues ¿Qué importaba si aprendían o no esos mocosos?
Cuando el reloj daba las 7:00 los infantes empezaban a llegar a la escuela, los pasillos estaban abarrotados de niños risueños dispuesto a aprender, por allí y por allá se escuchaban mil voces a la vez, pero a las 7:30 todo quedaba tranquilo y en silencio porque era la hora de estudiar.
En todos los salones se escuchaba la enseñanza de las maestras, el sonido del gis contra el pizarrón y las plumas rascando el papel. En todos menos en el salón de quinto año; Ahí no había maestra, ni enseñanzas que aprender, pero los alumnos eran más felices sin ella.
Se vivía una fiesta cuando la maestra Cletina no estaba, todos reían, armaban rompecabezas, jugaban o leían, pues el tiempo libre debe ser de aprovechar. Pero su alegría se interrumpía cuando la vieja bruja azotó la puerta y mandó a todos a callar, asustados los niños tomaron asiento inmediatamente, la bruja tomó su lugar se zafó las botas y subió los pies sobre la mesa y dio inicio a su tortura de todos los días, pues esta es una historia de nunca acabar porque se repite igual sin cesar.

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