domingo, 21 de junio de 2020

El número irracional

Paulina Prado Valdés

Cuando faltaban algunas horas para que la mañana se cubriera de luz, un hombre de aspecto delgado, con profundos ojos negros, nariz aguda, rostro largo, cubierto por una barba gris y por un colorido turbante en la cabeza, tomaba en su mano una taza de café. Estaba de pie frente a una ventana de su habitación que se ubicaba en lo alto de una finca con piedras, mirando las estrellas se preguntaba él mismo:

― ¿Qué orden? ¿Qué actividad? ¿Qué utilidad podría darle a los números?

― ¿A los números?

― ¡Sí, a los números! Al 1, al 2, al 3, al 4, etc. De pronto se le ocurrió organizar un festejo donde todos los números, amigos cercanos del maestro se hicieran presentes. Envió invitaciones a cada uno de ellos.

A la fecha y hora acordada se presentó el número tres, el siete y así sucesivamente acudieron de uno en uno. Todos juntos brincaron, bailaron y platicaron. Pero vaya sorpresa tan desagradable: al sentarse a la mesa sólo un asiento quedó vacío, voltearon impresionados a verse entre sí, se contaron uno a uno y...

— ¡Caramba, nuestro amigo el cero no acudió a la fiesta! - entre ellos surgieron algunas dudas - ¿Qué le habrá pasado? ¿Algún contratiempo habrá tenido? O tal vez ¿El profesor matemático olvidó invitarlo?

No muy lejos de ahí, un poco triste sentado a la sombra de unas palmeras, el cero le contaba su tragedia al signo más y al signo menos:

— Me hubiera gustado asistir a la reunión, pero ¿para qué?, me tocó ser el cero, y seré el cero hasta la eternidad y aquí estoy, sentado sin ningún valor, al fin y al cabo cero. Me hubiera gustado tener la esbeltez del uno, la estabilidad del número dos o lo simpático del número ocho, las pestañas del número siete o la barriga del número cinco...

Y así continuó el cero diciendo las cualidades de sus demás compañeros. Entonces su gran amigo, el signo más, que siempre es muy positivo lo interrumpió y le dijo:

— Estás en un grave error - empezó a replicar - el uno siempre será uno, el número dos siempre va a ser dos y el número tres no podrá ir nunca primero que el uno ni antes que el dos, todos los números son limitados; lo que yo pienso que te falta mi querido amigo cero es ponerte al servicio de los demás, ¡inténtalo!, mira: si tú te pones al servicio del número tres ya no será tres sino treinta, si te pones al servicio del número cinco ya no será cinco será cincuenta y así sucesivamente. De lo contrario, con tu negatividad no vas a progresar, ¿ahora comprendes tu importancia?

Por fin al cero, le cayó el veinte, se dio cuenta de que lo que le decía su amigo, el signo más, era verdad, entonces corrió hasta donde se encontraban sus compañeros. Todos sus amigos estaban en la mesa, les contó lo sucedido y confesó su solución, después de pedir disculpas de su error, prometió siempre estar dispuesto a servir a los demás. Al oír esto los números se alegraron y empezaron a brincar con gran entusiasmo unos sobre otros, formando desde pequeñas hasta enormes cantidades. El cero con fuerte voz dijo: — Nadie puede solo, todos necesitamos de todos. Se le acercó el número uno agradecido, lo abrazó y así formaron el gran número diez.


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