domingo, 21 de junio de 2020

¿Dónde está Ismael?

Karen Michel Arana Garay

Se lo he preguntado a todo el mundo; a mis amigos, a mi mamá, a mi abuelita y a mis hermanos. No entiendo cómo es que no lo han visto por ahí, si ya es un niño grande, tiene seis años. La última vez que lo vi nos divertimos mucho en mi súper carro de carreras, era mi turno de empujarlo mientras él manejaba a toda velocidad (ya casi somos profesionales de los “fórmula uno”, por cierto). Reímos entre juegos desde el atardecer hasta pasadas las diez de la noche, aprovechando que mi mamá no llegaba temprano a casa y el papá de Ismael se encontraba viendo la tele en la suya.

Recuerdo un fuerte estruendo y dos luces tan fuertes que me cegaron por dos segundos, inmediatamente después caí al suelo golpeado por un monstruo de acero rojo, rápido y muy doloroso. No podía levantarme, mi pierna derecha se veía bastante mal debajo del pantalón roto. Mi brazo no tenía mejor aspecto, estaba muy lastimado y lleno de raspones. En medio del dolor que sentía, vi que comenzaba a llegar mucha gente. De un momento a otro la calle se llenó totalmente de personas que al parecer no me miraban a mí, sino a Ismael, pero él no se quejaba, a él no le dolía nada.

Se acercaron a mí dos señoras y me hicieron muchas preguntas, las cuales no podía responder, sólo quería que alguien quitara ese intenso dolor de todo mi cuerpo. Pero mirando a Ismael había mucha más gente –él está bien- trataba de explicarles al mismo tiempo que todo se volvió negro a mi alrededor. Recuerdo vagamente un sollozo tan triste que también me daban ganas de llorar “Nada más me duele poquito, no tengo nada grave” intenté decirles, pero me sentía muy débil como para hacerlo. Escuché el sonido de una ambulancia cerca y luego desperté en el hospital. Afortunadamente el dolor se fue y en la madrugada regresé a mi casa sólo con un par de vendas encima. Mi mamá y abuela se veían bastante preocupadas, aunque yo ya me sentía bien. Vinieron a visitarme mis primos y jugamos todo el día.

En cuanto pude levantarme de la cama salí buscar a Ismael, no lo encontré por ninguna parte. Los adultos me decían “Se fue al cielo, Manuelito.” pero he pasado todos estos días buscándolo y aún no sé en dónde está, no se ve ni en las nubes ni en las estrellas. Quizá tendré que buscar más lejos todavía.


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