Cuando tenemos tiempo libre, un break o un pequeño lapso de tiempo en nuestra agitada, correteada y exigente vida, lo primero que pensamos en hacer es encender un aparato y mirar la pantalla para observar la información que nos transmite en ese momento: un chisme, una llamada, un programa, un show, una canción en transmisión, etc. Todo en cuestión de segundos. Pero… ¿Qué pasaría si con una sola decisión cambiáramos el entretenimiento por un momento? ¿Qué pasaría si cambiáramos las teclas por párrafos? ¿Las pantallas por capítulos?…
México se caracteriza por su cultura, pero… ¿Su gente es culta? la respuesta quizá no es la más positiva, pero sí la correcta. Nuestro país carece de lectores, de personas intelectuales que por gusto aprendan más de un idioma, lean poesía o una buena novela por hobbie. Muchas excusas vienen a la mente cuando se nos pregunta por qué no hemos leído algo nuevo hasta hoy si nuestro propósito de año nuevo era ese; la falta de tiempo es lo más común, pero ¿Es cierto?... Quizá el rating de algunos canales digan todo lo contrario. Lo cierto es que el interés se ha perdido, y los jóvenes interesados en la lectura por lo general son guiados por títulos comerciales o novelas que solo leen porque la película estuvo "chida". Escoger un buen libro es el segundo paso de la lista, si es que se ha realizado el primero, apagar aquella pantalla y decidirse a leer algo.
Quizá la decisión fue para impresionar a los amigos, aprender algo nuevo, distraerse, para fingir que se está haciendo algo. Leer se ha convertido en una acción que ha transformado a un mercado amplio y ha evolucionado con gran fuerza en estas últimas décadas, sin embargo nuestro país muestra poco interés ante este fenómeno que sigilosa pero firmemente se incrusta en las entrañas de los lectores mexicanos, y que deja mucho que desear de las nuevas obras que se van publicando a puños.
Como diamantes en bruto, si escarbamos en tierra natal, encontraremos que aún hay personas que sacan su expresión cultural específicamente haciendo oda a las letras, con obras sin ser editadas, blogs, cartas, poemas anónimos, clubes de lectura, etc. Sin embargo, eso no cambia la realidad, según las estadísticas de los últimos años los lectores son cada vez menos en México; ¿A qué se debe entonces?
Muchas veces escuchamos que somos el reflejo de lo que hay en casa, pero si en ésta nadie fomenta la lectura, si papá está en la computadora y mamá se encuentra viendo la novela en la comodidad del sofá, entonces el niño ni por accidente pensará en leer, aprender, crear o imaginar algo nuevo. Se sentará en la silla acolchonada y encenderá el televisor, o prenderá la computadora en busca de su identidad, de la pasión por hacer algo aceptado en la sociedad o encontrar su personalidad.
Las consecuencias son evidentes, la poca variedad de vocabulario utilizado para expresarse, las faltas de ortografía en adolescentes y la dificultad para utilizar la imaginación y espontaneidad. Se ha perdido el interés por las novelas, los cuentos y la redacción; ahora a un lector le cuesta más trabajo comprender el contenido de un párrafo con la necesidad de leerlo hasta tres veces; ¿A quién le gusta batallar en su hobbie cuando la sociedad dice: “Entre más fácil y rápido mejor”?
Según las encuestas de Enlace el número de lectores ha disminuido en un 10% en nuestro país; soluciones hay muchas, pero si no las enfrentamos, si no aplicamos una a nuestra vida, simplemente no servirán de nada. Hay que resolver el problema de raíz e inculcar la lectura en las nuevas generaciones desde todos los ámbitos: la familia, la escuela y los mismos medios de comunicación. Está en nuestras manos hacer el cambio al menos en el ambiente en el que nos movemos.
Niza Quintero Silva

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