Kenia Suárez Villaseñor
Una habitación tiene muchos sinónimos como: recámara, estudio o cuarto, aunque nunca nadie se ha preguntado cuál es su verdadero significado, ya que nosotros le damos el uso que queramos a las habitaciones de un lugar.
Un uso podría ser volverlo un dormitorio para descansar, podría ser un salón para niños o podría ser la habitación de Lea, una joven guapa, alta, de cabello oscuro acompañado, de unos ojos miel que combinaban con su piel canela y esas pecas que le daban aires de ternura.
Su habitación era de paredes blancas adornadas con fotografías suyas, sola o con sus amigas, un tocador donde se arreglaba para sus citas, un librero con sus libros favoritos como El Alquimista, Romeo y Julieta, entre otros, estante con trofeos académicos y bonitas figuras de porcelana, un escritorio donde hacía sus tareas y un armario color caoba; sencillo pero espacioso, todo el lugar minuciosamente acomodado. Su habitación fue testigo de muchos encuentros románticos, tristes, dulces hasta algunos horrorosos, de estos últimos son en los que nos adentraremos.
Alex, Jorge, Damián, Gerardo, Leo, Rodrigo, Juan, Eduardo, José, Lucas, Rogelio, Adrián, Diego, Isaac, Daniel... Chicos de los que no se volvió a saber; que se dieron por desaparecidos, otros mencionaban accidentes, algunos consideraban un secuestrador, tal vez la mala suerte o solamente el destino. Pero nadie dudó de Lea la dulce niña inteligente, nadie buscó en su casa, ni entró a su habitación, mucho menos se acercaron a su preciado armario...

No hay comentarios:
Publicar un comentario